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LA ALDEA
La aldea de el rocio está enclavada en el término municipal de Almonte, de cuya población sita 15 kms. Esta aldea se ha configurado a lo largo de la historia en torno a una ermita, que a finales del siglo XIII, fue erigida, con toda probabilidad por Alfonso X el sabio, y consagrada a una Virgen: Ntra. Señora del Rocío, cuya devoción hoy se extiende no solo por Andalucía sino por otros muchos lugares de España e incluso de el extranjero.
Es una fecha variable pero siempre coincidiendo con pentecostés, se celebra una fiesta en honor a esta virgen conocida como la romería de El Rocío, donde acuden más de un millón de personas y casi un centenar de hermandades que pergrinan a pie, en carretas tiradas por bueyes o a caballo, por polvorientos senderos hasta concentrarse en la aldea almonteña. Una vez allí muchos son los actos a celebrar y mucha la participación de los romeros en cada una de ellos, siendo una verdadera manifestación de fe y religiosidad popular envuelta en un ambiente costumbrista, luminoso y mágico, digno de ser vivido. El resto de el año la aldea del Rocío se ofrece como un remanso de paz en las puertas de Doñana; su paisaje ofrece panorámicas muy cambiantes según la época del año. Cada domingo desde mediados de septiembre hasta Semana Santa las distintas hermandades rocieras vienen en peregrinación a rendir homenaje a la Blanca Paloma.
Durante el verano otra fiesta se celebra en honor a la Virgen del Rocío. Se trata del voto de acción de gracias que el pueblo de Almonte hizo en 1812, tras haberse liberado de una sangrienta tragedia durante la invasión francesa en la Villa. Esta fiesta de carácter más loca tiene lugar los días 18 y 19 de agosto conociéndose con el nombre de El Rocío Chico. A lo largo de la historia las gentes de Almonte han llevado esporádicamente la imagen de Ntra. Sra. Del Rocío hasta su villa siempre en rogativas por sequías o epidemias o en acción se gracias, costumbre ésta que desde siglos se viene haciendo cada siete años conociéndose como los “traslados” o las “venidas”. Por el legendario camino de Los Llanos, entre pinares, polvo y hogueras, la Virgen a hombros de los almonteños discurre por 15 kms. que separan la aldea de Almonte, donde llegan al rayar el alba, ante el clamor de gentes venidas de toda España y estruendo de nubes de salvas de escopeta y trabucos.
Entre los lugares de interés turístico más importantes de la aldea se encuentran, además de la ya mencionada ermita de la Virgen del Rocío la “Madre de la Marisma” y el Paseo Marismeño frente a la Ermita, así como la Piara del Acebuchal, declarado monumento Natural, el Puente del Ajolí o Puente del Rey, paso tradicional de las hermandades rocieras la Boca del Lobo, bello paisaje al final de la “Madre de las Marismas” y por último el camino de Moguer.
Además el visitante que acude a pasar unos días en el Rocío no puede olvidar que se encuentra en la Aldea Internacional del caballo, concentrándose durante la Romería el mayor números de équidos de Europa. Pero el resto del año es muy fácil el alquiler de caballos y coches de caballos en muchos de los centros ecuestres que existen en la aldea, pudiendo pasear por caminos y paisajes únicos, sin olvidar las competiciones de la Semana Hípica que se organizan coincidiendo con el Rocío Chico.
Vivir en El Rocío es además vivir en Doñana: la aldea se inserta en el Parque Nacional formando parte de sus ecosistemas , de su mundo y de su historia.
Un paseo por la aldea Cualquier época del año es propicia para visitar El Rocío, si observar el amanecer en primavera hace al viajero reencontrarse con el origen de la vida en Doñana, las noches cálidas de verano, refrescadas por la brisa de la Rocina o laguna de Santa Olalla, no envidia las mañanas de otoño, cuando se difuminan los límites entre la marisma y la aldea, se viste entonces El Rocío de Doñana, como Doñana se hace Rocío en sus eternos atardeceres invernales.
Toda la aldea almonteña, con sus calles de tierra que se niegan a recibir un asfalto que arrancaría la esencia de este recogido y hermosísimo pueblo, es mirador de Doñana, pero sin duda el observatorio más privilegiado es el paseo Marismeño, a los pies del Santuario, una cuidada senda que une el puente de la carretera de entrada desde Matalascañas, con el Puente del Rey o Puente del Ajolí. Equidistante de ambas referencias, en un recodo del paseo, a modo de península, el observatorio ornitológico Madre del Rocío, sirve también de punto de información al visitante. En el camino al observatorio el viajero deberá pasar cerca de la Plaza del Acebuchal, que recibe su nombre de los olivos silvestres, los acebuches, que la pueblan y que los almonteños, sabedores de su valor naturalístico cuidan desde antiguo En esta plaza existen uno de los mejores y más antiguos ejemplos de la arquitectura popular marismeña, casa bloque alargada, fachada simétrica, dos ventanas y puerta, cubierta a dos aguas con un primoroso tejido vegetal impermeable: la Castañuela, un arbusto típico de estas marismas rocieras.
Terminado el recorrido en el puente del Ajolí y, teniendo como permanente referencia la espadaña de la ermita el agradable paseo se detendrá en la Plaza de El Eucaliptal, amplio espacio que en los días de romería y a la hora del rosario convoca a todos los estandartes, los Simpecados de las hermandades rocieras filiales.
Desde el Eucaliptal accedemos a la Plaza de El Real, por el mismo camino que en Pentecostés siguen los simpecados entre el rosario y la misa, que se celebra bajo el monolito rematado por primorosa imagen en piedra de la Virgen del Rocío. Y de allí al Pocito, antiguo surtidor que los abuelos del lugar recuerdan como una de las escasa fuentes de agua.
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